Lloriqueos de niño en el rebozo
de la noche. Recortes de aldehuelas
sorprendidas al estallar retozo
de cohetes. Serrín de lentejuelas.
Una chispa de Dios quema el establo
que la luna recubre con las palmas
de sus rayos húmedos y hay vocablo
de astro en el regocijo de las almas.
El recién nacido mueve la noche
con las manos, estrellitas marinas
con diez dedos de luz y un ángel, broche
de cuna, remece aguas cristalinas.
La Virgen, hierba que huele, busca
en su camisa el pecho doloroso
para dárselo al niño que apañusca
a la punta sus labios de goloso.
Florecido azahar luce el Patriarca
detrás de una faena de alegrías;
no osa tocar al Niño, en su comarca
sus manos eran de carpinterías.